Lección 8: Encontrando Significado el Lunes por la Mañana

Lección 8: Encontrando Significado el Lunes por la Mañana

Pasaje Bíblico: Eclesiastés 2:18-26

La búsqueda del hombre del trabajo de sus sueños no ha cambiado desde los días del rey Salomón. Hoy en día la gente sigue buscando esa posición perfecta, satisfactoria y estable, pero la mayoría se encuentra con frustración. No importa cuán desesperadamente el mundo busque significado para vivir en una carrera, el lunes por la mañana llega sin mucho significado; de hecho, a menudo es el día más odiado de la semana.
Después de repasar varias razones por las que los trabajos no aportan verdadero significado ni profunda satisfacción, Solomon anima al lector a recordar que la vida es un regalo de Dios y que, cualquiera que sea la situación en la que se encuentre, la vida debe producir gratitud por Su gracia.
La vida bajo el sol siempre se enriquece con una visión mejorada de Dios.

Transcripción

Introducción

Hace poco leí un artículo escrito por un servicio de orientación profesional, que analizaba 200 empleos en el país y los clasificó desde mejor al peor.

A los mejores los llamaron “trabajos de ensueño” y a los peores simplemente los llamaban “trabajos no soñados.” Si usted quería vivir el sueño, debería seguir su consejo y escoger entre los primeros de la lista.

Según su estudio, entre en los mejores trabajos estaban ser ingeniero informático, planificador financiero y terapista ocupacional. Entre los trabajos no soñados estaban lavar los platos, revisar los medidores de agua y electricidad e instalar techos. Pero si quiere vivir el sueño, trabaje en un computador y no al aire libre instalando techos.

Hace algunos años, en unas excavaciones en Egipto, se descubrió un texto escolar fechado alrededor del 1.700 a.C. Era documento que los estudiantes debía copiar mientras aprendían a escribir. Era ni más ni menos, que asesoría ocupacional. Básicamente, enseñaba que para tener una buena vida debían convertirse en maestros y escritores o escribas.

El texto también desanimaba a los estudiantes de involucrarse en otros oficios como, y cito, ser “los pequeños contratistas de la construcción que llevaban el barro… quedan más sucios que un cerdo con tanto lodo”. Otro parte del documento los disuadía de convertirse en embalsamadores “cuyos dedos estarían sucios por el olor de los cadáveres”. En otra parte, los alertaba a no ser lavanderos de ropa “porque estarían en el río junto a cocodrilos” y podrían comérselos.[i]

El trabajo soñado no era lavar ropa, trabajar en una funeraria o construir un edificio. El trabajo soñado era ser un escriba. No han cambiado muchas cosas en la búsqueda del trabajo soñado desde entonces.

El gran problema, por supuesto, es que el mundo está tratando desesperadamente de encontrarle algún tipo de sentido a la vida, y se frustra con el hecho de que no pueda hallarle mucho significado al lunes por la mañana. Francamente y hasta el día de hoy, el lunes por mañana no suele ser el tiempo favorito de la semana.

Y la frustración no hace más que incrementar.

Hoy en día, según un artículo, el trabajo domina la vida de las personas como nunca. Los trabajadores acumulan y cumulan horas a un ritmo que no se veía desde la Revolución Industrial. (Pero eso no está marcando la diferencia. El artículo informaba que) los empleados se sienten cada vez más inseguros e insatisfechos. En conclusión, dice que el trabajo no satisface las necesidades más profundas de la vida y nunca lo hará.[ii]

La verdad es que eso no es noticia, y ese resumen no es nuevo tampoco. Salomón descubrió que el trabajo no satisface siglos antes de que los antiguos egipcios les dijeran a sus hijos que evitaran terminar trabajando en la lavandería. Si alguien tenía un trabajo de ensueño, este era Salomón. Pero lo que dice ahora sobre su increíble carrera podría sorprenderlo.

Por lo tanto, le invito a abrir su Biblia en esta copia del diario privado de Salomón – lo llamamos el Libro del Eclesiastés.

 

La Frustración de Trabajar

Volvamos al capítulo 2 y el versículo 18; retomaremos nuestro estudio donde lo dejamos en nuestro último programa. Y le digo de antemano, que Salomón básicamente está anunciando: “He tenido una enorme cantidad de trabajos, todos ellos considerados como los trabajos de ensueño; pero llegué a odiar cada uno de ellos. Ninguno de estos me dio satisfacción”.

Salomón exclama:

Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol…” (Eclesiastés 2:18a).

Podría parafrasearlo así: “Odié cada uno de los trabajos que tuve”.

Salomón, díganos ¿cómo se siente realmente?

Tal vez, eso es exactamente lo que siente con respecto a su trabajo. Usted teme llegar al siguiente turno. Le duele la cabeza con solo pensar en marcar tarjeta y comenzar otro día de trabajo.

Piense en todos los trabajos que ha tenido. Algunos los odió, otros le gustaban.

Recuerdo que cuando tenía 13 años, pensaba que me gustaría tener una ruta para repartir periódico. Mi amigo que lo hacía siempre tenía dinero en el bolsillo. Así que le pedí acompañarlo una mañana en mi bicicleta. Ya era bastante duro levantarse a las 4:30 para doblarlos en su garaje, así que ya a las 6:30 supe que Dios me había llamado al ministerio.

Salomón mira hacia atrás y reflexiona en todos los logros de su carrera, cada trabajo que tuvo y está lleno de indignación.

La palabra hebrea que se traduce aquí como aborrecer, es una palabra que se refiere a un intenso disgusto o aversión.[iii]

Salomón dice: “No hay un trabajo en el planeta que le ofrezca satisfacción, realización o significado a mi vida”.

¿Por qué? Bueno, Salomón nos da aquí varias razones por las que destetaba el lunes por la mañana – junto al resto de la semana.

Mientras Salomón reflexiona en su vida laboral, nos da la siguiente razón por la que todo lo que había hecho era tan insatisfactorio:

  1. Un día, tendrá que a dejar todo lo que ha ganado y logrado.

Note el versículo 18 otra vez:

Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí” (Eclesiastés 2:18).

Todo de lo que había alardeado en su diario: todos esos parques, jardines, árboles frutales, y viñedos que plantó, todas las casas que construyó no parecen importarle ahora que se da cuenta que otra persona va a vivir en sus casas y vacacionar en sus parques y disfrutar de sus jardines.

Salomón tiene la edad suficiente como para enfrentarse cara a cara con la realidad de que todo lo que produjo durante su vida – y lo que hizo fue asombroso – todo eso lo tendría que dejar atrás. No quería compartirlo con nadie. Lo quería todo para él solo. Usted puede recordar cómo enfatizó en su en su diario al principio del capítulo: “Construí casas y planté viñedos para mí (v. 4); recogí y oro y el tesoro de los reyes (v. 8).

“Era mío mío mío”.

Lo que estaba distrayendo, y más bien, volviendo loco a Salomón, era el hecho que iba a dejar atrás todo lo que había ganado y logrado y se lo iba a quedar alguien más.

Otra razón por la que Salomón se sentía tan insatisfecho con su increíble carrera era:

  1. No podía garantizar que lo que dejaba atrás sería bien administrado.

Él escribe, en el versículo 19:

Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo con que yo me afané y con que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad” (Eclesiastés 2:19).

Esto es vanidad, esto es frustración, esto es inútil.

Oh, que horrible es pensar, dice Salomón, que alguien va a heredar todo lo que he hecho y quizás esa persona no tenga la habilidad o la experiencia necesaria o aún el deseo de mantenerlo en marcha.

Salomón está preocupado porque es posible que un heredero indigno pueda recibir todo lo que él construyó.[iv]

No quería que arruinaran lo que tanto tiempo, sudor y lágrimas le costó construir.

Él sabía que no podía garantizar, que su legado duraría al menos una generación (Lo que no sucedió, por cierto). Sus peores pesadillas se hicieron realidad. Cuando su necio hijo Roboam llegó al poder, echó efectivamente todo por la borda.

Hasta el día de hoy, los periódicos están llenos de historias de herederos ricos, que derrochan la fortuna de sus padres – riquezas logradas por años de duro trabajo – sólo para malgastarlas en fiestas.

¿Qué pasa si el heredero no quiere continuar con el legado? ¿Qué pasa si tiene otros intereses? ¿Qué pasa si no quiere cuidar de los parques, huertos, viñedos y edificios?

Uno de los autores que estoy leyendo en mi estudio de Eclesiastés, escribió sobre su infancia y contó sobre un almacén en su vecindario que tenía de todo, desde comestibles hasta artículos de ferretería. Él escribe que nunca parecía estar cerrada, estaba abierta desde temprano en la mañana hasta muy tarde los siete días de la semana. La única vez que veía al dueño fuera de su tienda, era al amanecer cuando sacaba a su perro a pasear.

En raras ocasiones la esposa del hombre trabajaba en el mostrador. Él escribe que esta tienda estuvo allí durante toda su infancia y hasta llegar a sus veinte años. Luego, un día este hombre se desplomó y murió mientras atendía a un cliente.

Inmediatamente, después del funeral, su esposa puso el almacén en venta y les mostró a todos sus vecinos el folleto del crucero donde iba a vacacionar. Iba a gastar miles de dólares recorriendo el mundo en crucero. Ya podía oír a su marido revolcándose en la tumba de frustración y rabia.[v]

Salomón ni siquiera está muerto todavía y sus pensamientos lo hacen dar vueltas en su cama. Odia el lunes por la mañana, por así decirlo, y el resto de la semana también, porque a pesar de que está trabajando, trabajando y trabajando, no ha encontrado satisfacción en su trabajo. De hecho, lo llevado a la confusión y la frustración.

Otra razón para la insatisfacción de Salomón es:

  1. No puede disfrutar de sus logros porque los va a disfrutar alguien que no trabajó por ellos.

Fíjese en el versículo 20:

Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.(Eclesiastés 2:20-21).

Quiero decir ¡esto no es correcto!

Alguien va a disfrutar de las manzanas del huerto que no plantó. Van a pasear por este parque, pero ellos no lo construyeron.

No pasaron horas con el arquitecto para diseñar estos palacios, y sin embargo cuando esté muerto, ellos van a meter sus muebles a la sala de estar.

Como vera, lo que pasa es que Salomón tiene ahora la edad suficiente para finalmente llegar a la conclusión, de que tendrá que dejar todo lo que construyó para que otro lo disfrute.

Pero ¿por qué lo que molesta tanto? ¿Qué tanto problema? ¿Y qué, si alguien se come las manzanas del árbol que usted plantó? ¿Y qué, si alguien se muda a la casa que usted construyó? ¿Cuál es el gran problema?

Se nos da una pista en su cuarta queja:

  1. Él trabajó sin descanso para comprar todo lo que pudo, y eso lo dejó con muy poco tiempo para disfrutar de lo que tenía.

Fíjese en el versículo 22:

Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad (Eclesiastés 2:22-23).

La verdad es que Salomón nunca disfrutó de esas manzanas. Nunca disfrutó de un paseo por ese hermoso parque. Tampoco disfrutó de sus palacios. Es como uno de los reyes de Gran Bretaña, del que leí hace poco, que construyó un palacio que nunca visitó.

El problema no está en los palacios ni las posesiones; el problema está en las prioridades en la vida.

El verdadero problema no está en nuestras cosas… el problema radica en nuestra forma de pensar.[vi]

Permítame decirlo de esta manera: No está mal tener las cosas que el dinero puede comprar, a menos que no le interesen las cosas que el dinero no puede comprar.

Salomón tenía todo lo que el dinero podía comprar, pero no pudo disfrutarlo porque no le interesó lo que el dinero no podía comprar. Desperdició los años de su vida dejando a Dios fuera de la ecuación.

Y así, Salomón da este sorprendente giro en su diario. Lo hará 6 veces, por cierto. Básicamente, Salomón nos entrega la perspectiva correcta en unos pocos versículos, antes de llevarnos de vuelta al testimonio de sus años insensatos y llenos de errores.

 

La Perspectiva Correcta del Trabajo

Permítanme plasmar en dos principios, lo que Salomón está a punto de presentar en estos versículos finales del capítulo 2.

Primero – Su posición en la vida es un regalo de la mano de Dios.

Mire el versículo 24:

No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Porque ¿quién comerá, y quién se alegrará sin Él? (Eclesiastés 2:24-25).

Esta es la primera vez que Salomón habla de disfrutar verdaderamente de algo. Él ha sentido placer, pero no ha experimentado alegría. Y ahora, de pronto comienza a hablar aquí de disfrutar de su comida y de su trabajo.

Un autor escribió, que esto es como un rayo de luz que brilla en este oscuro diario. Salomón odia su trabajo, pero ahora lo disfruta – ¿qué hizo la diferencia? Dios. La perspectiva de que todo esto proviene de Dios. Eso es lo que hace la diferencia.

Esto nos recuerda lo que le dijo el Apóstol Pablo a Timoteo: que Dios nos da todas las cosas para que las disfrutemos (1 Timoteo 6:17).

Históricamente, el pueblo judío leía el Libro del Eclesiastés en la Fiesta de los Tabernáculos. Esta era una fiesta de acción de gracias por la provisión de Dios en sus vidas.[vii]

Reconocían que todo lo que disfrutaban venía de la mano de Dios.

Querido creyente, su trabajo no es sólo un trabajo, y su comida y bebida no son sólo eso. En verdad, son regalos de la mano de Dios. Lo que significa que sólo puede encontrar satisfacción en la vida, cuando deja de buscar otra mejor.[viii] La vida que realmente satisface, sólo se puede encontrar y disfrutar cuando dejar de buscar o exigirle a Dios una mejor… cuando reconoce la bondad y la gracia de Dios en su provisión diaria.

Debemos oír la exhortación de Pablo a los corintios cuando dijo que debemos continuar en la posición que el Señor nos asignó, obrando en lo que Dios nos has llamado” (1 Corintios 7:17).

Eso no significa que no pueda cambiar de trabajo o mudarse a otra casa. Significa que no debe seguir pensando que algo lo va a satisfacer fuera de su relación con Dios, quien en última instancia es quien pastorea su vida.

Segundo – Su posición en la vida debe producir gratitud por la gracia de Dios.

Ahora mire el versículo 26:

Porque al que le agrada (Hebreos 11:6 nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios – así que esta es una referencia a los creyentes), Al que le agrada Dios le da sabiduría, ciencia y gozo, mas al pecador (el no redimido) da el trabajo de recoger y amontonar para darlo al que agrada a Dios.

Esta, creo yo, es una referencia sutil a la verdad de que los redimidos un día heredarán la tierra en el reino venidero (Mateo 5). Es decir, los incrédulos trabajan solo para dejar todo en manos de los hijos de Dios cuando hereden el reino. Todo lo que harán los incrédulos es trabajar de sol a sol cada día, reuniendo y recolectando sólo para perderlo todo al final.

Salomón concluye diciendo: También esto es vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 2:26).

Permítame mencionar aquí algunos contrastes y realidades de la vida para que reflexionemos:

  • Sin Dios, el lunes por la mañana es otra jornada sin importancia; con Dios, el lunes por la mañana es una asignación divina con propósito.
  • Sin Dios, el lunes por la mañana no tiene sentido; con Dios, el lunes por la mañana es sagrado.
  • Sin Dios, el lunes por la mañana es un fastidioso acto de monotonía; con Dios, el lunes por la mañana puede ser un gozoso acto de devoción.

El trabajo del lunes por la mañana puede ser tan significativo como la reunión del domingo en la mañana. Dios está tan involucrado en su vida el lunes por la mañana como lo está el domingo en la mañana.

 

Conclusión

El teólogo y reformador Martín Lutero escribió sabiamente que la adoración a través del servicio a Dios no sólo ocurre en la iglesia, sino también en el hogar, la cocina, el taller y en el campo.[ix]

Así que, si usted escribe en un computador, o se gana la vida lavando ropa; si es constructor, lavaplatos o planificador financiero, esa es su tarea de parte de Dios. Esa tarea debe darle la gloria a través de su forma de trabajar, la alegría con la que vive y los demás notarán la diferencia.

De vez en cuando se encontrará con un creyente, que entiende lo que Salomón ha declarado.

La semana pasada estaba en la oficina postal haciendo fila junto a un par de personas – no había mucha gente. Sólo había un hombre trabajando detrás del mostrador. Supongo que tenía entre unos 20 a 30 años. Oía música de fondo y de vez en cuando se ponía a cantar en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que alcanzara a escucharlo. Cuando llegó mi turno en el mostrador, le dije en broma que deberían darle un aumento de sueldo por ofrecer un concierto. Se sonrió, pesó el paquete que quería enviar y hasta cantó un poquito más. Fue entonces cuando logré entender la letra y me di cuenta, de que estaba cantando una canción cristiana. Sin que yo dijera nada, me entregó mi recibo y dijo: “Sólo sé que Dios tiene el control”.

Yo le dije: “Amén, hermano… amén”.

Ese joven había traído a Dios a su trabajo esa mañana, y en lugar de un suspiro de frustración, le había ofrecido una canción.

Y estaba transmitiendo a su mundo el mensaje que Salomón escribe aquí: la única vida que satisface es la que encuentra su satisfacción en Dios.

 

 

Este manuscrito es de un sermón predicado el 27/10/2019 por Stephen Davey.

© Copyright 2019 Stephen Davey

Todos los derechos reservados.

 

[i] Adapted from Milton P. Horne, Proverbs-Ecclesiastes (Smyth & Helwys, 2003), p. 415 

[ii] U.S. News and World Report, adapted from David Jeremiah in Searching for Heaven on Earth (Integrity Publishers, 2004), p. 35 

[iii] Walter Kaiser Jr. Coping With Change: Ecclesiastes (Christian Focus, 2013), p. 

[iv] Adapted from Donald A. Hubbard, The Preacher’s Commentary: Volume 16 (Thomas Nelson, 1991), p. 91

[v] Adapted from Jim Winter, Opening up Ecclesiastes (Day One Publications, 2005), p. 44 

[vi] Adapted from Winter, p. 46 

[vii] Warren W. Wiersbe, Be Satisfied: Ecclesiastes (Victor Books, 1990), p. 40 

[viii] Adapted from Wayne C. Kellis, Life Under the Sun (WestBow Press, 2017), p. 21 

[ix] Adapted from Philip Graham Ryken, Ecclesiastes: Why Everything Matters (Crossway, 2010), p.  

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