Lección 9: Viviendo el Guion

Lección 9: Viviendo el Guion

Pasaje Bíblico: Eclesiastés 3:1-8.

El rey Salomón hace una interrupción en su diario para incluir un poema que puede resultarnos familiar. Al contrastar experiencias opuestas de la vida, Salomón afirma que cada aspecto y actividad es diseñado por Dios y tiene un propósito. Entre nuestro nacimiento y nuestra muerte, habrá momentos para bailar y llorar, para plantar y cosechar, para ganar y perder. Pero la paz se entretejerá en todo esto sólo cuando vivamos cada día con la perspectiva de la seguridad divina que tenemos a través de Jesucristo.

Transcripción

Introducción

Hace unos meses me enviaron la copia de un poema que guardé en mis archivos. Al poeta le llamó la atención el hecho, de que en una lápida se escribe el año de nacimiento de la persona y a continuación el año de su muerte apenas separados por un pequeño guion, un guion que representa una vida entera.

El poema dice:

Leí de un hombre que para hablar se levantó,
En el funeral de su amigo, y su voz resonó.
Habló de las fechas en su lápida escrita,
Marcando el principio y el final de su vida.

Notó primero la fecha de nacimiento,
Luego la siguiente con gran lamento.
Lo esencial, afirmó emocionado,
Era el guion, que las había separado.

Representaba, el guion, cada momento,
Que su amigo vivió hasta su último aliento.
Los que más le amaban entendían,
El valor de esa línea que allí se tenía.

No importaba la riqueza, autos, casa,
Ni el dinero que en vida amasaba.
Lo más importante fue cómo vivió su vida,
y como gastó su guion cada día.[i]

Ese es un pensamiento bastante profundo. Si vamos al libro del Eclesiastés, encontrará que Salomón también escribió un poema sobre la vida. Describe en términos generales todo lo que puede suceder en el espacio de ese pequeño guion que representa su vida y la mía. En el capítulo 3:1, encontramos el poema más famoso del mundo sobre el tema del tiempo de vida de una persona.[ii]

 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora (Eclesiastés 3:1).

Al escuchar las primeras palabras de este poema, no muchos piensan en Salomón sino en algún conocido que le dijo algo similar. La frase y el pensamiento ha llegado a ser famoso, y muchos creen que es solo un sabio refrán. Pocos, sin embargo, lo han leído directamente del libro de Eclesiastés y en su contexto.

 

Todo Sobre el Tiempo

Salomón está obviamente enfocado en el tema del tiempo. La palabra tiempo aparecerá 28 veces en el poema, y una vez más una en su introducción en el versículo 1.

El poema se compone de catorce pares de opuestos. Este recurso poético se llama merismo, donde cada frase incluye polos opuestos: nacer y morir, llorar y reír, plantar y arrancar.[iii] Y la idea es aludir a la totalidad de la vida: el nacimiento y la muerte, plantar y segar y todo lo que ocurre entre medio.

Pero la meta final de Salomón no es ser pesimista. Él escribirá en el versículo 11, que Dios está a cargo de cada etapa: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo…” (Eclesiastés 3:11). Podría traducir la palabra hermoso, como apropiado o adecuado. Él lo ha hecho todo acorde a su tiempo. Todo encaja en su hermoso diseño final.[iv] Tal vez no sea conveniente en el momento; pero es lo adecuado, es justo lo indicado para ese momento según Sus divinos propósitos.

También puede observar que Salomón escribe en el versículo 1, que hay un tiempo para cada asunto debajo del cielo en lugar de escribir debajo del sol. Esta frase es más positiva y, de hecho, Salomón escribirá en el capítulo 5:2 que Dios está en el cielo. Es como si Salomón nos hiciera saber desde un principio, que todo lo que sucede en este universo de tiempo limitado – incluyendo su vida – está bajo la autoridad y el plan de Dios que gobierna desde el Cielo. Así que el título de este poema podría ser: “Dios ha diseñado su guion”. Lo bueno, lo malo, lo triste y lo feo – la totalidad de su vida está bajo el perfecto control de Dios. Esto incluye su primer aliento de vida y el último. Así es, de hecho, como Salomón comienza su poema. Fíjese en el versículo 2:

Tiempo de nacer, y tiempo de morir…” (Eclesiastés 3:2).

Estos son los extremos de su vida.[v] Su certificado de nacimiento y su certificado de defunción. Usted sabe el día en que nace, y si tiene hijas, van a celebrarle ese día durante todo un mes. Pero, no sabe exactamente cuándo va a morir. Pero Dios sí lo sabe. Él ya ha determinado la duración de su vida. Y por eso el salmista deja en claro, que deberíamos contar nuestros días – estar atentos al paso del tiempo – para presentarnos a Dios con un corazón sabio (Salmo 90:12).

El otro día vi un anuncio publicitario de un reloj, en el que uno puede fijar una fecha y hora en el futuro, y luego comienza una cuenta regresiva. Se puede programar una “fecha prevista” para su muerte, el tiempo que cree o espera vivir o tal vez la fecha de su jubilación; luego simplemente comienza a contar los segundos, minutos, horas e incluso los días que le quedan hasta la fecha.

Hace un par de semanas me compré uno de estos relojes para ayudarme contar mis días. Era bastante barato. Lo recibí por correo la semana pasada. Seguí las instrucciones y luego puse la fecha prevista o el tiempo que esperaba vivir. Presioné el botón para iniciar y comenzó a parpadear la palabra “Error”. No sabía si esto era una señal de Dios. Puede que haya extendido demasiado la fecha objetivo.

Salomón no sólo nos está recordando que la muerte es una cita fechada por Dios, en realidad nos recuerda la asombrosa verdad de que nosotros ni siquiera elegimos la fecha cuando nacimos – el momento en que dio su primer respiro y soltó su primer grito de llanto por haberlo sacado de su cómodo y calentito hogar en el vientre de su madre. No tuvo nada que ver en eso. De hecho, la fecundación del óvulo que se convirtió en usted no es producto de alguna decisión que usted haya tomado – y hasta cierto punto, ni siquiera fue la de sus padres quienes están a merced de los tiempos de Dios.

Piense en esto – Salomón enfatiza aquí el hecho de que usted está vivo por la eterna determinación, plan y diseño de Dios; lo que significa que usted no es un error, no es un experimento médico, no es un producto de la suerte o una serie de eventos afortunados, no es un accidente, una ocurrencia de última hora o un acto del destino. El hecho de que usted esté vivo es una prueba de que usted es parte del eterno, impresionante y hermoso plan de Dios para los siglos venideros – y esto es sólo el comienzo.

Escuche esto, usted está vivo hoy porque Dios eligió que estuviera vivo. En esta generación. Aquí es donde usted encaja. Dios considera que su vida es hermosa – apropiada – perfectamente ajustada a Su gran plan. Y los planes que Él tiene para usted sólo van a mejorar.

Ahora, entre su nacimiento y muerte, habrá muchas experiencias o temporadas diferentes y Salomón las presenta en este poema.

Observe el siguiente par de opuestos en la última parte del versículo 2:

“…tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado (Eclesiastés 3:2b).

Hay temporadas para plantar, temporadas de cosecha, y aprendemos a ajustarnos al diseño de Dios en la naturaleza.

Un autor sugirió que necesitamos aprender a ajustarnos a las etapas y temporadas que Dios ha diseñado en nuestra propia vida; mientras Dios planta en nosotros lecciones de fe de las que Él quiere ver fruto.[vi]

Ahora, en el versículo 3, el primer par de opuestos es:

Tiempo de matar y tiempo de curar (Eclesiastés 3:3).

La palabra matar, no es la típica palabra para el asesinato que está prohibido – como en los 10 mandamientos: no matarás. La palabra que Salomón usa aquí hace referencia a la pena capital o a la defensa propia. Es decir, hay momentos en los que hay que aplicar la pena máxima, o salir a la guerra, protegerse, etc. Y hay momentos también en que hay que ayudar a sanar, reparar daños.

Salomón continúa en el versículo 3:

“…tiempo de destruir, y tiempo de edificar (Eclesiastés 3:3).

Hay temporadas en las que se derriban edificios y se construyen otros nuevos. Llegan los equipos de demolición para derribar todo y luego los de construcción para levantar otro edificio. Eso es parte de la vida.

En el versículo 4, Salomón escribe:

tiempo de llorar, y tiempo de reír…(Eclesiastés 3:4).

Ojalá que los tiempos de llanto sean superados en número por los que reímos; pero Salomón sólo dice que experimentaremos ambos. Hay un tiempo para llorar, tiempo en el que las lágrimas fluyen libremente.[vii]

Hay momentos en que está bien llorar como cuando Jesús lloró frente a la tumba de Lázaro (Juan 11:35); o como cuando Job sufrió la pérdida de sus hijos y su salud; leemos que derramó sus lágrimas delante de Dios (Job 16:20).

Salomón está diciendo que el llanto es tan legítimo como la risa y una persona sabia no evade ninguno de los dos.[viii]

De la misma manera, el último par de opuestos en versículo 4 dice:

Tiempo de endechar y tiempo de bailar (Eclesiastés 3:4).

¿Cuántos cristianos animan a otros a que no lloren más cuando sufren alguna pérdida? Como si llorar por la pérdida de un ser querido, de un sueño, de una relación, un plan o una esperanza no fuera una respuesta apropiada; como si lamentarse implicara falta de fe o algo pecaminoso incluso. Según Salomón, hay temporadas en las que el duelo y el luto es la manera más correcta – la forma diseñada por Dios para responder a la situación.

Luego fíjese como Salomón pasa a mencionar la experiencia opuesta en la vida, y dice aquí que hay momentos para endechar y momentos para bailar.  Evidentemente, no era bautista.

Salomón imagina todo el abanico de emociones, desde bailar por las buenas noticias que alguien le acaba de dar, hasta llorar por las trágicas noticias que acaba de recibir. Este es el amplio espectro de emociones dadas por Dios.

En el versículo 5, Salomón escribe que hay:

tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; (Eclesiastés 3:5).

En los tiempos de Salomón, los ejércitos solían cubrir los campos del pueblo enemigo con piedras para arruinarlo – para que no produjera fruto (1 Reyes 3). Luego, esas piedras servían para construir cercas, torres de vigilancia, rediles, graneros, etc.

Salomón escribe a continuación en el versículo 5, que hay:

“…tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar (Eclesiastés 3:5).

Es posible que esta frase haga referencia a la intimidad conyugal. Sin embargo, la gente del cercano oriente mostraba su afecto abiertamente al besarse en la mejilla o darse un abrazo cuando se encontraban y luego cuando se despedían. Salomón usa esta idea para decir que: “Hay un tiempo para decir hola y un tiempo para decir adiós”.[ix]

Todos conocemos la alegría de los momentos cuando saludamos a nuestros familiares y amigos – y podemos darles un gran abrazo… y el dolor de tener que despedirnos de nuevo.

El versículo 6 continúa con el tema de que hay:

tiempo de buscar/ganar, y tiempo de perder (Eclesiastés 3:6).

La palabra traducida buscar conlleva la idea de ganar algo. Hay un tiempo para ganar y un tiempo para perder – y no está hablando simplemente de cuando juega a la pelota. La implicación es financiera. Hay temporadas prósperas, en las que logra ganancias y otras en las que puede perderlo todo.

De nuevo, Dios es quien está en control de estas situaciones específicas en su vida, haciendo que todas las cosas obren para bien, para conformarlo cada vez más a la imagen y el carácter de Cristo (Romanos 8:28-29).

Continuando en el versículo 6 leemos que hay:

“…tiempo de guardar, y tiempo de desechar (Eclesiastés 3:6)

Podría ponerlo de esta manera: hay un momento para guardar las cosas que se necesitan y hay otro momento para tirar o regalar las que no. En otras palabras y en términos muy prácticos, hay tiempos para guardar y hay tiempos para hacer una venta de garaje.

Salomón escribe ahora en el versículo 7, hay:

Un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser (Eclesiastés 3:7)

En tiempos de Salomón, como leemos frecuentemente en las Escrituras, cuando alguien experimentaba dolor o tragedia se rasgaba las vestiduras, lo hacía desde el cuello de la camisa hasta el pecho dando a entender que su corazón estaba roto. Hay temporadas para lidiar con la tragedia, la dificultad y el dolor.

Un autor sabiamente recomienda, que le pidamos a Dios sabiduría para saber atravesar estos tiempos y no quedarnos estancados. Hay momentos en que es apropiado rasgar las vestiduras, pero también es importante saber cuando es tiempo de sacar la aguja y el hilo y empezar a coser las cosas.[x]

El versículo 7 continúa diciendo:

“…tiempo de callar, y tiempo de hablar (Eclesiastés 3:7).

Esto no necesita explicación. Tenemos que ser prontos para oír y tardos para hablar (Santiago 1:19). Por una buena razón, Dios nos dio dos oídos y dos ojos, pero sólo una boca.

Mi mamá solía citar el famoso dicho de Abraham Lincoln que decía: “A menudo me arrepiento de lo que digo, nunca de lo que callo”. Ella me animó a memorizarlo. No sé por qué.

Es importante reconocer los momentos en que debemos guardar silencio, y los que debemos hablar.

Salomón escribe en el versículo 8, hay:

tiempo de amar, y tiempo de aborrecer…(Eclesiastés 3:8).

Es fácil entender la parte de amar, pero ¿qué se supone que debemos odiar?. El salmista escribió: Los que amáis a Jehová, aborreced el mal (Salmo 97:10). Salomón escribió: El temor de Jehová es aborrecer el mal (Proverbios 8:13).

De hecho, Salomón escribe bajo la inspiración del Espíritu Santo esta revelación del carácter de Dios:

Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos.  (Proverbios 6:16-19).

Salomón nos recuerda básicamente, que debemos amar y aferrarnos a lo que Dios ama, y odiar y apartarnos de lo que Dios odia.

Por último, Salomón termina su poema escribiendo en el versículo 8 que hay:

“…tiempo de guerra, y tiempo de paz (Eclesiastés 3:8).

Esta puede ser una respuesta nacional para defenderse quizás de otra nación, o un esfuerzo para eliminar la tiranía en el mundo o ir en ayuda de otra nación en aras de la justicia. Hay largas temporadas de guerra y de paz. Nuestro mundo es una mezcla de campos de batalla y tratados de paz.[xi] Y esto no va a cambiar hasta que Jesús cree un cielo nuevo y una tierra nueva; donde Él, el Príncipe de la Paz y sus seguidores redimidos nunca se distraigan ni se vean comprometidos en los vientos de guerra (Apocalipsis 21).

 

Conclusión

Permítame tratar de resumir este inspirado poema sobre el tema del tiempo. Usted y yo estamos viviendo ese guión entre la fecha en que nacimos y nuestra fecha de defunción – ese pequeño guión que hasta hoy dura unos 20, 30, 40, 50, 60, 70 años o más. ¿Cómo podemos vivir ese guión de la mejor manera? ¿Qué quiere el Señor que sepamos sobre este guion de nuestras vidas para disfrutarla de mejor manera – para hallar significado y contentamiento – para glorificar a Dios con el tiempo que nos ha asignado sobre esta tierra?

Aquí le dejo dos principios que Salomón quiere que tengamos en mente mientras vivimos nuestro guion.

En primer lugar, su “guion” está lleno de eventos planificados por Dios y no querrá desperdiciarlos.

El apóstol Pablo nos dice que debemos aprovechar bien el tiempo para la gloria de Dios (Efesios 5:16). Así que aproveche lo mejor posible Su don de la vida y estas etapas y periodos de tiempo.

Jonathan Edwards, el líder del gran despertar espiritual de los años 1700, escribió en su diario las siguientes palabras, cuando tenía apenas 19 años: “A menudo escucho a las personas de edad avanzada contar cómo vivirían si pudieran vivir sus vidas de nuevo. He decidido, suponiendo que llegue hasta una edad avanzada, que viviré tal como desearía haber vivido.”[xii]

Esa es una buena resolución.

En segundo lugar, su “guion” está lleno de acontecimientos impredecibles: cosas que no puede controlar.

Esa sensación de paz mientras vive su “guion”, no se debe a la ausencia de momentos difíciles, sino a la seguridad de que Dios está en control.

Los periódicos solían llamarlo “La Danza del Peligro”. La construcción de puentes que era un gran desafío que hacía peligrar la vida de los hombres que caminaban sobre vigas oscilantes, a veces a cientos de metros en el aire. Esta danza tenía incluso una tasa de mortalidad calculada: Por cada millón de dólares gastados, se esperaba perder una vida.

En 1932, los ingenieros del puente Golden Gate en San Francisco California, creían que se podían reducir los riesgos. Cuando empezó la construcción, se implementaron varias medidas de seguridad, como el uso obligatorio del casco, guantes, y lentes entre otros implementos. Incluso se instaló un hospital en la obra para los heridos. El dispositivo de seguridad más efectivo era totalmente nuevo, aunque ya se había utilizado durante años en el circo. Se trataba de la red de seguridad. Estaba extendida a veintiún metros por debajo del puente y se extendía tres metros a cada lado. Los periódicos empezaron a publicar los resultados de los hombres que habían caído, pero que se habían salvado de una muerte segura. Un titular decía: “Resultado de la red de seguridad hasta la fecha: 8 vidas salvadas”. Luego de cuatro años de construcción y 20 millones de dólares gastados, sólo había muerto un trabajador.

Pero lo que no habían anticipado fue el cambio que hubo en el ánimo de los trabajadores de la construcción. Esa red los liberó de frecuentes episodios de miedo paralizante. Les permitió trabajar de forma más productiva y concentrarse más en sus tareas, sabiendo que la red estaba allá abajo.[xiii]

Me parece que esta es una buena ilustración de la vida cristiana. Puede que no entendamos la belleza de cómo Dios ha orquestado todo lo que pasa a veces en nuestras vidas o en nuestro mundo, pero podemos unirnos al canto de David, cuando escribió sobre esa red de seguridad divina que había puesto debajo de su vida. Él dijo: Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos (Salmo 31:14-15). Deuteronomio 33:27 también nos recuerda el mismo mensaje: El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos.

Esto no es una excusa o una escapatoria. La vida sigue siendo dura. Tampoco es fatalismo. No es que será lo que tenga que ser. El poema de Salomón no es fatalista, esta lleno de fe. No se trata de rendirse, sino de crecer en nuestra fe cada día más profunda y en nuestro sentido de confianza en el plan perfecto y sabio de Dios a través de las etapas de la vida. Se trata de llegar a entender, tal como Salomón lo ha expresado aquí en forma poética que todo tiene su tiempo – y que los tiempos de Dios son perfectos. De hecho, si pudiera resumirlo todo en una sola frase la siguiente:

A medida que vivimos nuestro guion a través de la vida, Dios lo ha planeado todo, lo sostiene todo y logrará todo lo que ha planeado en su vida justo en el momento apropiado.

 

 

Este manuscrito es de un sermón predicado el 11/3/2019 por Stephen Davey.

© Copyright 2019 Stephen Davey

Todos los derechos reservados.

 

[i] Edited from Linda Ellis, The Dash (copyright 1996) 

[ii] Philip Graham Ryken, Ecclesiastes: Why Everything Matters (Crossway, 2010), p. 78 

[iii] Adapted from Charles R. Swindoll, Living on the Ragged Edge (Insight for Living, 1983), p. 24 

[iv] Adapted from Don Givens, Storms of Life: Ecclesiastes Explained (Xulon Press, 2008), p. 54 

[v] Adapted from Ryken, p. 80 

[vi] Adapted from Swindoll, p. 24 

[vii] David Jeremiah, Searching for Heaven on Earth (Integrity Publishing, 2004), p. 51 

[viii] Ed Young, Been There. Done That. Now What? (Broadman & Holman, 1994), p. 59 

[ix] Warren W. Wiersbe, Ecclesiastes: Be Satisfied (Victor Books, 1990), p. 46 

[x] Ibid 

[xi] Swindoll, p. 24 

[xii] Max Anders, ed; Holman Old Testament Commentary: Volume 14 (Holman, 2003), p. 41 

[xiii] Adapted from Robert Lewis, The Church of Irresistible Influence (Zondervan, 2001), p.140  

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