Lección 3: Un Mundo de Humo y Espejos

Lección 3: Un Mundo de Humo y Espejos

Pasaje Bíblico: Eclesiastés 1:8-11

En el Libro de Eclesiastés, el rey Salomón describe la inutilidad, la brevedad y la falta de sentido de la vida “debajo del sol”. Él describe la falta de significado de la vida con varias ilustraciones del mundo natural y la naturaleza humana. Así revela que lo que parece satisfactorio y lo que parece significativo no lo es. La vida te engaña con ilusiones de importancia y satisfacción. La vida debajo del sol expone que todo lo que estás persiguiendo no es más que humo y espejos.

Transcripción

A principios del siglo XVII, un científico holandés inventó el prototipo de lo que hoy llamamos el proyector de diapositivas; la luz se proyectaba a través de un cristal pintado, emitiendo una imagen en la pared más grande que la real. El proyector se llamaba en aquellos días, la linterna mágica.

No pasó mucho tiempo, antes de que el Globe Theatre en Londres, se convirtiera en el primer teatro en utilizar el proyector para crear efectos especiales. Proyectaban la imagen a un espejo que la reflejaba nuevamente en el humo que ponían en el escenario. Daba la sensación de que la imagen estaba viva al moverse por el desplazamiento del humo.

Se utilizaba para todo tipo de efectos teatrales. De hecho, en 1770, un charlatán llamado Johann Schröpfer, se hizo famoso después de utilizar humo y espejos para afirmar que podía invocar los espíritus de los muertos. Con una Linterna Mágica engañó con éxito al público, entre los que había jefes de Estado y miembros de la realeza.

En el siglo XIX, este tipo de ilusión era popular entre los adivinos y en los parques de atracciones de todo el mundo. De ahí surgió una expresión que hace referencia a engañar a la gente y que hasta hoy se usa en algunos países. Se dice: “humo y espejos”.

Esa frase “humo y espejos”, ha llegado al Diccionario de Cambridge, y se la trata como un sustantivo. Se define como una ilusión que le hace creer a usted que lo que está experimentando es real, cuando la verdad es que no lo es.

Hace tres mil años, un rey llamado Salomón llegó a la conclusión de que él y todos los demás vivían en un mundo de humo y espejos.

Lo que parecía satisfactorio no lo era. Lo que parecía significativo tampoco. La vida lo engañaba con ilusiones de significado y satisfacción.

Al llegar a anciano, Salomón reconoció el hecho de que había sido engañado. Se había pasado la vida persiguiendo lo que resultó ser nada más que humo y espejos.

Ahora, al publicar su diario privado que llamamos el Libro del Eclesiastés, el Espíritu de Dios a través de Salomón, nos da un golpe de realidad tras otro. Él describe la inutilidad, la brevedad y falta de significado de la vida debajo del sol.

La vida debajo del sol es una expresión que usa Salomón para referirse a la vida en la tierra sin ninguna perspectiva de Dios – de lo que está más allá del sol. Es una de las expresiones favoritas de Salomón que tristemente no se conoce mucho.

A partir del capítulo 1 de Eclesiastés, Salomón va a demostrar que, si la vida debajo del sol es todo lo que vamos a buscar y conseguir, solo nos llevará a la desesperación. Aparte de Dios y el Evangelio de Jesucristo, esta es la verdad sobre la vida debajo del sol. Y para demostrar esta verdad, nos lleva de paseo por el mundo de la naturaleza.

 

Repaso

A modo de repaso, vimos que Salomón pone ejemplos de la naturaleza para mostrarnos que no podemos evadir el cortejo fúnebre.

Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece” (Eclesiastés 1:4).

En otras palabras, las generaciones van y vienen, y la Tierra parece seguir girando sin que le afecte en lo más mínimo. Nosotros no podemos detener ese cortejo fúnebre.

Luego Salomón continúa diciendo:

Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta (Eclesiastés 1:5).

O sea, no importa lo que haga, cómo viva o lo que logre, no puede afectar ni siquiera un poco la salida y la puesta del sol.

Y no sólo eso, tampoco puede dirigir el viento. En el siguiente versículo, Salomón dice:

El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo (Eclesiastés 1:6).

Puede escuchar el canal del tiempo y saber cuándo un huracán va a tocar tierra. Se puede medir el tamaño y velocidad de su rotación para saber si es de categoría 1, 2, 3, 4 o 5; pero no puede hacer nada al respecto.

Salomón está diciendo: “Si todo lo que usted tiene es una perspectiva de la vida aquí debajo del sol, solo va a concluir que la humanidad está a merced de la naturaleza”.

No puede evitar que la tierra gire, que el sol brille, que el viento sople o los océanos fluyan.  ¿Creía usted que era algo? Usted pensó que tenía poder y prestigio, pero no. Sólo era una ilusión – era humo y espejos.

Ahora Salomón cambia un poco del tema del mundo natural y continúa mostrándonos la realidad de la naturaleza humana. Él nos va a entregarnos cuatro observaciones sobre la vida bajo el sol.

 

La Realidad Debajo del Sol

Salomón observó a las personas y a su propio corazón por muchos años y llegó a las siguientes conclusiones:

  1. Nos cansamos de las repeticiones de la vida.

Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar… (Eclesiastés 1:8a).

Salomón está diciendo prácticamente: “La vida es tan fatigosa y penosa que es difícil de expresarlo con palabras. La vida es más tediosa y aburrida de lo que las palabras pueden expresar”.[i]

Algunos eruditos y estudiosos de la Biblia creen que esta frase conforma la introducción a las observaciones que vienen. En otras palabras, nos irritamos y aburrimos fácilmente de la vida.

  1. No estamos satisfechos con las experiencias de la vida.

…nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (Eclesiastés 1:8b).

Salomón menciona los sentidos de la vista y la audición. Hemos experimentado cosas en la vida, pero todavía hay otras que queremos ver, oír, saborear y hacer. Nos sentimos inquietos e insatisfechos.

¿Alguna vez ha ido a la montaña? ¿Alguna vez ha ido a la playa? ¿pero alguna vez anduvo en un crucero por el Caribe?

¿O ha caminado por los senderos de las montañas en Suiza? ¿Ha acampado en los bosques de sequoias o escalado el monte Everest?

¿Ha sobrevolado en helicóptero el Gran Cañón o recorrido en cuatrimoto las dunas de arena del Atlántico?

Busqué en por internet los mejores lugares para visitar en Carolina del Norte que es donde vivo para ver qué tanto conozco. Encontré una página que tenía por título “Los 17 lugares más bonitos para visitar en Carolina del Norte”. Leí la lista y me di cuenta de que sólo había visitado tres lugares.

Uno de estos es un lago. Reconocí el nombre. He andado por la autopista y visto el letrero que indica la salida hacia el lago. He visto la señal. ¿Eso cuenta?

Hay mucho más que ver y experimentar. Y nos olvidamos de la emoción de lo que ya hemos visto.

¿Recuerda su primer vehículo? Puede que haya reprimido ese recuerdo. ¿Recuerda su primer sueldo? ¿Su primer departamento o casa? ¿Su primera bicicleta?

Nos aburrimos pronto de las experiencias de la vida y nunca parecemos estar satisfechos.

Usted escuchó la cascada de ese río o aquella canción por primera vez le quitó el aliento. Se detuvo y apenas pudo contener su emoción. Ahora ya no. Esa impresionante y hermosa puesta de sol de anoche – ya la superó. Ahora puede caminar por la calle y ni siquiera levantar la cabeza para echarle un vistazo a la siguiente.

Salomón hace una observación sobre nuestra naturaleza caída como seres humanos, que lo que antes nos pareció impresionante, se convierte en algo rutinario.[ii]

Usted pensó que, si lograba hacer eso, ver eso, escuchar eso, comprar eso, visitar eso, saborear eso o experimentar eso otro, encontraría una satisfacción duradera.

Oh no, sólo era humo y espejos. Nos cansamos de las repeticiones de la vida. No encontramos satisfacción duradera en las experiencias:

Salomón continúa dándonos una tercera observación:

  1. No creamos nada nuevo en la vida.

“¿Hay algo de que se puede decir, He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido (Eclesiastés 1:10).

Salomón hace aquí una pregunta retórica: “Puede alguien decir alguna vez: Miren, esto es nuevo. No, la respuesta es: ‘Esto ha existido desde siempre”.[iii]

El envoltorio y la presentación pueden cambiar. Conducimos automóviles en lugar de carretas; tenemos artículos tecnológicos que Salomón nunca soñó.[iv] Pero incluso Thomas Edison, uno de los mayores inventores del mundo, que inventó de todo, desde el micrófono de carbón, el bombillo eléctrico, la batería de níquel-hierro hasta el fonógrafo (una especie de tocadiscos, esa máquina que reproduce esos discos negros). Este gran inventor dijo: “Mis inventos no hacen más que sacar a la luz los secretos que ya existen en la naturaleza.”[v]

Él se limitó a armar lo que ya existía.

Tenga en cuenta que Salomón está observando la naturaleza humana en este contexto inmediato. Usted podría entender que está diciendo: “No hay nada nuevo sobre los seres humanos, que no se haya observado ya en las épocas anteriores”.

¿Le suena familiar? Un autor escribió: “Los jóvenes de hoy no tienen respeto por los padres o la vejez. Se impacientan ante cualquier restricción. Hablan como si lo supieran todo”.[vi]

Eso lo escribió un líder de la Iglesia hace 1.000 años.

Otro autor escribió: “Los niños tienen malos modales, menosprecian a la autoridad, y le faltan al respeto a sus mayores”.[vii]

Sócrates escribió eso hace 2.400 años.

¿Qué significa esto? ¡Significa que ya es hora de que los jóvenes mejoren su actitud! No, significa que los jóvenes siguen siendo críticos de los mayores, y los mayores siguen quejándose de los jóvenes.

Nada es nuevo sobre la naturaleza humana caída debajo del sol. La experiencia humana sigue siendo igual.

Seguimos cansándonos de las repeticiones de la vida. Seguimos sin estar satisfechos con las experiencias de la  vida. Seguimos sin crear nada nuevo en la vida.

Salomón hace una última observación:

  1. No seremos recordados después del final de la vida.

No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después (Eclesiastés 1:11).

La palabra traducida como “lo que precedió”, también se puede traducir como “los que precedieron”. Ambas traducciones son posibles gramatical y contextualmente. Es decir, usted no va a recordar cosas, experiencias pasadas o personas que vivieron antes que usted.

No se refiere a las personas fallecidas que quedan en la memoria de su familia y amigos por mucho tiempo.

Salomón está hablando en términos generales sobre generaciones anteriores olvidadas por las que siguen.

Él está abordando el tema del deseo humano de hacer una diferencia tan significativa, que nunca sea olvidado por la sociedad o el mundo que le rodea.

Alguien puede presumir que nunca será olvidado. Como John Lennon, integrante de la banda musical de los Beatles, que hizo noticia en 1966 cuando afirmó que “El cristianismo se irá. Se desvanecerá y se encogerá. No necesito discutir eso. Estoy en lo cierto y se demostrará. Ahora somos más populares que Jesús”.[viii]

Se imagina llegar a la conclusión de ¿que los Beatles son para siempre y Jesús y el cristianismo van a desaparecer? Ese hombre sí que estaba viviendo una ilusión – engañado – rodeado de humo y espejos.

Un hombre escribió esta gran observación: “Las celebridades de hoy son los obituarios del mañana”. Y si eso es cierto sobre las personas de las que el mundo está hablando y escuchando y leyendo todo lo que escriben, hablan o cantan, ¿qué será de usted y de mí?[ix]

Esto es muy desalentador. ¿Cuánto más tenemos que soportar? Ni siquiera hemos terminado el capítulo uno todavía.

 

Conclusión

Recuerde, este diario tiene que entenderse a la luz de su conclusión: recuerde cómo termina el libro Salomón. “Recuerda a tu Creador en los días de tu juventud”.

No viva para sus pasiones y perspectivas amarradas a la vida aquí debajo del sol. Recuerde a su Creador y Su perspectiva más allá del sol.

Mejor aún, desarrolle una relación de obediencia y confianza en el Hijo de Dios. ¡Y qué diferencia hará eso cuando escriba las páginas de su propio diario de vida?

La vida debajo del sol dice que la creación es repetitiva. Son los mismos viejos cielos y tierra y mar y viento. Los ciclos de la naturaleza no cambian y no podemos hacer nada para cambiarlos. La creación es repetitiva.

Pero para aquellos que creen en las asombrosas palabras iniciales de las Escrituras, en el principio Dios creó los cielos y la tierra, la creación no es redundante, la creación es esplendida.

 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1).

La puesta de sol fue diseñada para que admiráramos y reflexionáramos sobre el genio creador de Dios. El amanecer no es una mera repetición aburrida, sino que resulta ser un testigo de la fidelidad de Dios hacia nosotros y que es tan predecible como el amanecer. ¡Cuente con ella! [sus misericordias] Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad (Lamentaciones 3:23).

La vida debajo del sol dice que la vida no tiene sentido. Bertrand Russell, un filósofo ateo expresó este tipo de desesperanza cuando escribió: “Estamos a la orilla de un océano, llorando en la noche y el vacío; a veces una voz responde en la oscuridad, pero es la voz de alguien que se ahoga y al momento regresa el silencio.”[x]

Si no hay propósito para nuestra existencia y no hay un Creador más allá del sol, entonces no tiene sentido vivir la vida. Salomón escribió con esa perspectiva: “¿Para qué molestarse en trabajar duro bajo el sol? ¿Qué sentido tiene cualquier cosa?”

Para el creyente que camina por la vida junto al Hijo de Dios, la vida no es inútil, la vida tiene un propósito divino.

La vida es una expresión de confianza, seguridad, obediencia y anticipación. No somos ratones dando vueltas en una rueda. Dios creó la historia de forma lineal. Nos dirigimos a una parte y mientras tanto, le damos gloria al seguirle mientras esperamos el día en que viviremos con Él.

Pero si está atrapado aquí abajo con una perspectiva de la “vida debajo del sol”, hay otra verdad brutal y es la de que nada es nuevo. La vida es lo mismo, solo que un envoltorio distinto, rediseñado, y nada de eso va a durar. Pero para el que ha venido por la fe a Jesucristo, el Hijo de Dios, ¡todo es nuevo!

  • Tenemos un nombre nuevo – Isaías 62:2.
  • Tenemos un corazón nuevo – Ezequiel 36:6.
  • Somos nuevas criaturas en Cristo, las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas – 2 Corintios 5:17.
  • Dios nos ha dado una nueva canción, y una nueva alegría – Salmo 33:3.
  • El Señor va a crear un nuevo cielo y una nueva tierra para que sus hijos vivamos con Él por siempre – Apocalipsis 21:1.
  • De hecho, Dios le hace esta increíble promesa al creyente en Apocalipsis 21:5 – “He aquí, que yo hago nuevas todas las cosas”.

¿Cómo será eso? Pablo escribe: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Un día, ya en nuestros cuerpos eternos, glorificados, perfeccionados en santidad y perspectiva; ya nunca nos aburriremos ni nos cansaremos de nada de lo que veamos o escuchemos. Nuestros sentidos un día en el Cielo estarán saturados de la gloria de Dios.[xi]

La vida debajo del sol dice que usted nunca será recordado. Y es cierto. Lo más probable es que doscientos años después de su muerte, nadie en el planeta sepa que alguna vez usted vivió.[xii]

Usted nunca será recordado debajo del sol, pero la palabra de Dios nos dice que nunca será olvidado.

“Su nombre está inscrito en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27).

“Su vida está esculpida en las palmas de Sus manos dice el Señor (Isaías 49:16).

Incluso la acción o actitud más pequeña de obediencia, confianza y servicio serán recordadas. El escritor de Hebreos nos dice que “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún (Hebreos 6:10).

Dios no olvidará nada.

La vida debajo del sol dice que todo lo que usted persigue no es más que humo y espejos. Pero con la perspectiva y seguridad de vida junto al Hijo de Dios como su Señor y Salvador, puede ver que la creación no es repetitiva, es esplendida ¡disfrútela!

La vida no es inútil, tiene un propósito divino, ¡vívala!

¿Nada es nuevo? Oh, pero en Cristo todo es nuevo y está a punto ser más nuevo aún. ¡Anticípelo!

Y ¿no será recordado? Oh, no, ¡usted nunca será olvidado!

Padre celestial, ¿a qué se deben todas estas maravillosas promesas – esta increíble gracia que nos concedes? A tu inmenso amor, a tu magnífico plan que es seguro y tiene misericordia para el día de hoy y para un futuro que va más allá de nuestra comprensión. Gracias Señor porque no estamos atrapados en ciclos interminables; en última instancia, estamos yendo de camino a casa.

¡Gloria a Dios que nos abunda con toda bendición espiritual!

Como dice el salmo 150:

Alabad a Dios en su santuario;
Alabadle en la magnificencia de su firmamento.
Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.

Alabadle a son de bocina;
Alabadle con salterio y arpa.

Alabadle con pandero y danza;
Alabadle con cuerdas y flautas.

Alabadle con címbalos resonantes;
Alabadle con címbalos de júbilo.

Todo lo que respira alabe a Jehová.
Aleluya.

 

A Dios el Padre Celestial,
Al Hijo nuestro Redentor,
Y al Eternal Consolador,
Unidos todos alabad. 
Amén.

 

 

Este manuscrito es de un sermón predicado el 2019 por Stephen Davey.

© Derechos de autor 2019 Stephen Davey

Todos los derechos reservados.

 

[i] Philip Graham Ryken, Ecclesiastes: Why Everything Matters (Crossway, 2010), p. 28

[ii] Adapted from Ed Young, Been There. Done That. Now What? (Broadman & Holman, 1994), p. 24

[iii] William D. Barrick, Ecclesiastes: The Philippians of the Old Testament (Christian Focus, 2011), p. 40

[iv] David Moore & Daniel L. Akin, Holman Old Testament Commentary, Volume 14 (Holman & Broadman, 2003), p. 17

[v] Adapted from Warren W. Wiersbe, Ecclesiastes: Be Satisfied (Victor Books, 1990), p. 27

[vi] Ryken, p. 25

[vii] Ibid, p. 26

[viii] Douglas Sean O’Donnell, Ecclesiastes (P & R Publishing, 2014), p. 22

[ix] Ibid, p. 22

[x] Quoted in David Jeremiah, Ecclesiastes: Heaven on Earth (Integrity, 2004), p. 4

[xi] Ryken, p. 32

[xii] Adapted from David Gibson, Living Life Backward (Crossway, 2017), p. 32

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