Lección Travesía Bíblica

Lección 368: La Niñez de Jesús

Pasaje Bíblico: Mateo 3:1-12; Marcos 1:1-8; Lucas 3:1-18; Juan 1:6-8.

Conozca lo que la Palabra de Dios nos enseña sobre la niñez de Jesús, junto con el mensaje de su precursor: Juan el Bautista. Él nose enseña que satisfacer las expectativas religiosas y observar los ritos espirituales no puede sustituir una relación personal con el Señor. A menos que haya una verdadera confesión de pecado y evidencia de arrepentimiento genuino, no es posible que uno conozca a Dios.

Transcripción

Hasta ahora, en nuestro estudio cronológico de la vida de Cristo, donde combinamos los Evangelios en el orden que ocurrieron, descubrimos ocho acontecimientos relacionados con la infancia de Jesús.

  1. Su nacimiento en un establo (Lucas 2:7-20).
  2. Cuando fue circuncidado en el octavo día (Lucas 2:21).
  3. Un mes después, cuando María y José llevaron a su bebé al templo para presentarlo a Dios (Lucas 2:22-24).
  4. En una casa en Belén, casi dos años después, cuando unos magos llegan de Persia y le entregan regalos a Jesús (Mateo 2:11-12).
  5. Cuando José y su pequeña familia corren por sus vidas, escapando a Egipto mientras Herodes trata de encontrarlos en Belén (Mateo 2:13-15).
  6. Cuando regresan a Nazaret para vivir, después de la muerte de Herodes (Mateo 2:19-23).
  7. Jesús, con doce años, hace y responde preguntas a los líderes religiosos en el templo. En esta escena, Jesús revela que está en pleno conocimiento de que Él es Dios el Hijo (Lucas 2:41-49).
  8. La escena ocho es la más larga de todas. Va a durar unos dieciocho años desde que Jesús tenía doce años hasta sus treinta años, cuando comienza Su ministerio (Lucas 2:52).

Esta octava escena es la más concisa o silenciosa. Apenas tenemos un versículo que describe su niñez, y es Lucas 2:52: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.

Entendiendo la Niñez de Jesús

Algunos creen que Jesús ya tenía toda la sabiduría del mundo, pero eso no es lo que Lucas dice. En su humanidad, Jesús siguió creciendo en tres áreas: sabiduría, estatura y gracia para con Dios y los hombres.

Como verá, Jesús es 100% divino, pero recordemos también que Él es 100% humano. Él crecerá como cualquier otro niño en Nazaret. Crecerá de la inmadurez a la madurez. Crecerá de la ingenuidad al discernimiento. Él pasará de hacer cosas infantiles o aún peligrosas a convertirse en un sabio jovencito.

Eso significa que, de niño, Jesús se habría resfriado como todos los demás. Se pudo caer, o golpearse el pie y rasparse las rodillas jugando afuera. Él pudo haber querido dormir hasta tarde, pero se levantó en obediencia.  ¡Y esa es la diferencia! Jesús nunca pecó. El Espíritu Santo lo protegió y lo resguardó siempre para no pecar durante su niñez.

Por cierto, padres, tengan en cuenta que hay una diferencia entre ser inmaduro y ser pecaminoso. Ser arriesgado o gracioso de niño no es lo misma cosa que pecar. Y Jesús pasaría por todas estas etapas también mientras maduraba.

Al crecer, él lucharía con la tentación como cualquier otro joven, pero nunca falló ni una vez. El autor de Hebreos escribe:“fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15).

Él tenía, y Él todavía tiene una naturaleza humana y una divina también – dos naturalezas en una sola persona. Este es el misterio divino de la encarnación. Pero tendemos a olvidar que era 100% humano y tendemos a imaginar que vivió como si fuera algún tipo de superhéroe.

De hecho, así es como las leyendas describen su infancia. Sus autores no entendían como es que Jesús pudo vivir una vida normal. Una leyenda dice que Él formó unos pájaros con arcilla y luego sopló sobre ellos, y les dio vida. Otra leyenda dice que Él milagrosamente corrigió los errores que José cometía en su trabajo; y que mandó a los árboles a que se doblaran; así Su madre pudo recoger la fruta. Leyendas cuentan que otros niños en Nazaret se inclinaban ante Él cuando salía a jugar.

Le digo que no hay nada más lejos de la verdad. Los niños no se inclinaban, y María no tenía ayuda milagrosa para hacer la cena. Para los demás, Jesús era simplemente el hijo de un carpintero de Nazaret. Esta era una típica familia de campesinos.

De hecho, cuando tenía unos treinta años, y Jesús predicó su primer sermón en su ciudad natal afirmando ser el Mesías, la gente se ofendió tanto que trataron de tirarlo de un precipicio. Mateo registra su respuesta:            ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María? (Mateo 13:55).

En otras palabras, “¿Quién se cree que es?” Nadie estaba diciendo: “¡Lo sabíamos! ¡Sabíamos que Jesús era especial! ¡Sabíamos qué hacía milagros! ¡Por eso lo adorábamos cuando éramos niños!”

Durante unos dieciocho años, Jesús trabajó como aprendiz de carpintero, aprendiendo de su padrastro, José. La historia revela que los carpinteros usaban piedra, metal y madera. Eran los que fabricaban los arados que usaban los agricultores de esa región. Tal vez se pregunte si Jesús llegó a ser bastante bueno como carpintero. Un padre de la iglesia hizo la interesante declaración de que los granjeros aún usaban los arados que Jesús había hecho hacía unos cien años.[1]

Entendiendo el Mensaje de Juan el Bautista

Pero, llegó el tiempo de que Jesús deje a su familia y la carpintería y comience a anunciar que Él es el Rey de un reino venidero. Y esto reenfoca nuestra atención en el precursor de Jesús: este es Juan el Bautista. ¿Lo recuerda? Lucas nos dice:

El niño [Juan] crecía y se fortalecía en espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que apareció en público a Israel. (Lucas 1:80)

Juan está a punto de romper el silencio de Dios. La última vez que Dios le habló a Israel, fue a través del profeta Malaquías, unos 400 años antes. Durante esos 400 años, el pueblo judío había experimentado muchas cosas como obtener su independencia por un tiempo, pero en los tiempos del ministerio de Juan, Roma gobernaba Israel.

Juan rompe el silencio de Dios en Mateo 3, que da la esencia de su sermón. “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. (Mateo 3:2)

El Evangelio de Juan, presenta a Juan el Bautista:

[Juan] vino… para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. (Juan 1:7-8)

Juan el Bautista va a romper el silencio de Dios con buenas noticias. Va a llamar al arrepentimiento porque la Luz del Mundo ha llegado… o al menos empezó su ministerio.

Volviendo a Mateo, capítulo 3, Juan es descrito como la “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas” (Mateo 3:3). Mateo aquí está citando la profecía de Isaías 40:3. El punto es este: Si Juan mismo es el cumplimiento de esta profecía, será mejor que la nación de Israel preste atención a su anuncio.

En los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) vemos que el ministerio de Juan el Bautista se desarrolló en el río Jordán. Él va a llamar pecadores de la nación de Israel a confesar sus pecados y bautizarse allí en el río Jordán como señal de verdadero arrepentimiento.

Ahora, tenga en cuenta que estamos todavía en los tiempos del Antiguo Testamento. La era del Nuevo Testamento en realidad comienza con la creación de la iglesia, después de la venida del Espíritu Santo (Hechos 2). Así que, Juan es un profeta del tiempo del Antiguo Testamento. Su bautismo por inmersión debe entenderse en términos del Antiguo Testamento.

La palabra bautizar significa “hundir o sumergir”. Era un símbolo de un cambio de identidad y de relaciones en la vida.[2]En los tiempos del Antiguo Testamento, un gentil que quería ser seguidor de Jehová tenía que ser circuncidado, bautizado por inmersión y comenzar a vivir en obediencia a la ley Mosaica. Así que esta no es una invención de Juan el bautista.

Pero lo que es fascinante sobre su bautismo es que está llamando a judíos a someterse al bautismo, no solo a los gentiles, que ahora tendrían que bautizarse otra vez. Los fariseos y escribas se habrían escandalizado por esta ofensiva demanda de parte de este profeta.

Así que, aquí viene el profeta Juan vistiendo una túnica de pelo de camello. Su almuerzo consiste en langostas y miel silvestre, y demanda que todos los que quieran seguir a Dios confiesen sus pecados – judío o gentil – y se metan en el río Jordán para bautizarse.

El ministerio de Juan el Bautista consistió en conectar a las personas con el Mesías venidero. Él fue el intermediario; Él fue el mensajero de Dios y precursor. Y está a punto de presentar al Salvador del mundo.

 

[1] Citado por Os Guinness, The Call (Thomas Nelson, 2003), 202.

[2] J. Dwight Pentecost, The Words and Works of Jesus Christ (Zondervan, 1981), pág. 83.

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