Lección Travesía Bíblica

Lección 362: La Canción de un Corazón Sumiso

Pasaje Bíblico: Lucas 1:39-80
Alabamos y agradecemos a Dios por las cosas maravillosas que ha hecho en nuestras vidas. Pero los ejemplos de dos personas piadosas nos muestran que debemos estar igualmente dispuestos a alabarlo y agradecerle por lo que ha prometido hacer. Eso es tan cierto como lo que Él ya ha hecho en nosotros.

Transcripción

Una adolescente llamada María estaba comprometida con un joven llamado José. Ella acaba de escuchar del ángel Gabriel las noticias impactantes de que, aunque es una virgen, ella concebiría milagrosamente y daría a luz al Mesías.

Gabriel le informó a María que su pariente, la anciana Elisabet, tenía seis meses de embarazo, y también fue sorprendida por el plan de Dios en su vejez. Si hay alguien que entendería la situación de María, sería Elisabet.

Entonces, en Lucas, capítulo 1, versículo 39 leemos que María va a la casa de Elisabet y su esposo Zacarías en las colinas, lo que era al menos tres días de viaje para María. A veces, me pregunto en este punto del drama: ¿Qué le dijo María a su familia? ¿Acaso se fue sola, confundida o, tal vez, sufriendo? ¿Qué le dijo a José? Antes de irse en su viaje.

Lo que sabemos es que, cuando María llega, el bebé en el vientre de Elisabet dio un salto de gozo, según el versículo 41. Luego, Elisabet bendice a María, y las dos disfrutan de la comunión que solo las madres de dos bebés milagrosos podrían tener.

La Alabanza de María

María canta ahora una bella canción que quizás estuvo componiendo durante esos tres largos días de viaje. Veamos las formas en que alaba a Dios en su canción, que comienza aquí en el versículo 46.

María alaba a Dios por su salvación. Nunca olvide que, como toda la humanidad, María también necesitó salvación. María no nació sin pecado, ni puede dar perdón. Es más, ella canta en el versículo 46: “Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” (Lucas 1:46-47).

María alaba a Dios también por su testimonio único. Versículo 48: “Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.” María no está diciendo que todas las generaciones le van a rezar o a depender de ella. Está diciendo que la gente va a reconocer lo bendecida que fue al ser elegida para esta tarea especial del Señor.

María continúa alabando a Dios por mostrar Su poder de maneras diferentes. Ella dice en el versículo 51 “esparció a los soberbios”; “quitó de los tronos a los poderosos” (versículo 52); “a los hambrientos colmó de bienes” (versículo 53); y “socorrió a Israel su siervo” (versículo 54), tal como prometió que lo haría.

Déjeme decirle que, si estudia este himno con detención, va a descubrir que gran parte viene directamente del Antiguo Testamento. María claramente memorizó muchos pasajes del Antiguo Testamento que aprendió tiempo atrás cuando era niña. Ella ancló su corazón a la Palabra de Dios. Y ahora en este tiempo inusual, puede cantar esos pasajes, que hablan del poder de Dios para salvar a aquellos que vienen confiando en Él con fe.

No pase por alto que este no es el tiempo más fácil en la vida de María. Su vida ha cambiado repentinamente y nunca volverá a ser igual. Quizás notó que esta canción no dice nada sobre la vida en Nazaret. No nos da algún tipo de plan para explicar el escándalo de su embarazo y lidiar con el dolor que traerá al corazón de José, su amado, que va a tener que hacer planes, y hará planes para dejarla en silencio.

Pero lo que ella hace es lo que usted y yo debemos hacer, quizás el día de hoy. No se enfoque en el sufrimiento y la dificultad; enfóquese en el Salvador a quien le entrega su vida, un día a la vez.

El versículo 56 dice: “Se quedó María con [Elisabet] como tres meses, después se volvió a su casa”. Puedo imaginar la dulce comunión de María, Elisabet y Zacarías, al sentarse a la mesa y estar juntos compartiendo por estos tres meses.

El Nacimiento de Juan el Bautista

Cuando María se va a casa, para Elisabet llega el tiempo de dar a luz a su hijo. El versículo 58 dice que Zacarías, Elisabet y su bebé ahora son celebridades en el vecindario. De hecho, al momento de ponerle un nombre al niño, al octavo día, cuando era costumbre, todos los vecinos se juntan en su hogar para celebrar al viejo Zacarías, y creen que le pondrá su nombre al niño: finalmente nació Zacarías junior. Pero Elisabet insiste en que debe llamarse Juan, como el ángel Gabriel le instruyó a Zacarías. Y recuerde, Zacarías no ha podido decir una palabra ya que dudó el anuncio de Dios de Gabriel.

Así que, en el versículo 63, Zacarías pide una tablilla y escribe: “Juan es su nombre” (Lucas 1:63). Y todos los vecinos empiezan a pregunta qué está pasando.

Tan pronto Zacarías escribe estas palabras, anunciando el nombre, su boca se abre y comienza a alabar a Dios. El estilo poético indica que está cantando, o quizás recitando como lo hacían los sacerdotes en esos días. ¡y seguramente ha estado componiendo esta canción por varios meses!

La Canción de Zacarías

Hay cuatro estrofas en la bella canción de Zacarías. La primera trata de la salvación de Israel está en los versículos 68 al 71. Zacarías canta:

Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo. (Lucas 1:68-69)

 La segunda estrofa está en los versículos 72 al 75, trata de la soberanía de Dios. Dios ha estado obrado soberanamente para traer en el Mesías el cumplimiento de Sus promesas, sus pactos, que había jurado a Israel.

En la tercera estrofa, Zacarías comienza a cantarle a su hijo – versículo 76:

Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados.” (Lucas 1:76-77)

Entienda la importancia de esta escena. No se ha levantado un profeta en Israel por 400 años. Pero ahora Zacarías sostiene a un profeta en sus brazos. Juan el profeta. Juan el bautista como un día se lo llamará. Él va a llamar a la nación de Israel al arrepentimiento y confesión. Él presentará al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Zacarías canta su estrofa final en el versículo 78, que trata sobre el Salvador. Él canta:

“La Aurora nos visitará desde lo alto, para dar luz a los que habitan en tinieblas.” (Lucas 1:78-79 LBLA).

¡Guau! ¡Qué gran nombre para el Salvador! ¡Él es la Aurora! Viene “a dar luz a los que habitan en tinieblas”.

Estas verdades que canta Zacarías van a influenciar a su hijo, Juan. El versículo 80 dice que:  el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que apareció en público a Israel. (LBLA)

Conclusión

Permítame pausar, para contarle lo que significan los nombres de esta familia aquí. Zacarías significa “Dios se acuerda”. Elisabet significa “la promesa de Dios”. Y Juan significa “la gracia de Dios”. Si usted junta sus nombres, tiene un buen resumen del evangelio de Jesucristo ¿cierto? Dios se acuerda. Él recuerda Su promesa. Dios recuerda su promesa al entregar a la humanidad Su asombrosa gracia.

A todo esto, Dios no solo se acordó de ellos; Él lo recuerda a usted. Dios no ha estado tan ocupado en el siglo XXI que no está al tanto de usted. Él sabe dónde está justo ahora; Él conoce Su voluntad para su vida hoy; y aún escucha cada petición que hace.

Como María, Zacarías, Elisabet y ahora el pequeño Juan aprenderán, la voluntad de Dios les traerá alegría, pero también tristeza, dificultad y dolor. Tal vez ahora mismo necesite pedirle al Señor en oración:

“Señor, tu voluntad para mi vida no es fácil. La vida es dura. No me has dado todas las respuestas aún, pero me has dado salvación. Tú eres en verdad la Aurora. De las tinieblas, me trajiste a la luz de la verdad y el perdón. Ayúdame a ser un poco más como María hoy, entregándome a Tu voluntad, aunque pueda ser difícil y aún confuso a veces. Y ayúdame a cantar alabanzas como Zacarías, que antes dudó de tu palabra. Ayúdame a cantar de Tu asombrosa gracia. Gracias Dios por acordarte de mí.”

Esperamos que este recurso lo haya bendecido.
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