Lección Travesía Bíblica

Lección 364: El Tiempo Perfecto de Dios

Pasaje Bíblico: Lucas 2:1-20

La obra de Dios abarca toda la creación y la historia. Eso significa que Él está obrando en la vida de individuos desconocidos, así como en la vida de los ricos, famosos y poderosos. Su gran obra al traer a Jesús al mundo en el momento justo para ser nuestro Salvador es evidencia de aquello.

Transcripción

Años antes del nacimiento de Cristo, el cometa Halley brilló en aquel cielo nocturno de Judea. César Augusto anunció que era el espíritu de su padre, Julio César, ascendiendo al cielo como uno de los dioses.[1] Augusto estaba tan convencido que acuñó monedas declarando su propia deidad, inscribiendo en las monedas la frase: “César, hijo de un dios”.[2]

Cuando Lucas comienza a relatar el nacimiento de Jesús, es como si dijera: “Miren, si piensan que lo que más importa es lo que César Augusto está haciendo allá en Roma, creyendo que es el hijo de un dios, le erraron a lo que más importa por 2500 kilómetros. Lo que es infinitamente más importante es lo que está pasando en el pueblito de Nazaret”.

Lucas escribe:

Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. (Lucas 2:1-2)

 Al leer esto, pareciera que esta gente está a cargo, pero Lucas nos lleva detrás de escena. María y José están esperando un bebé, el Mesías prometido. Viven en Nazaret, pero el profeta Miqueas predijo 700 años antes que el Mesías nacería en Belén, en Judea (Miqueas 5:2).

La Soberanía de Dios para Cumplir Sus Propósitos

¿Cómo hace que esta pareja viaje unos cien kilómetros hasta Belén, cuando María está a punto de tener a su bebé? Dios, quien realmente está a cargo, mueve el corazón de César para que quiera lo que los políticos quieren más: ingresos fiscales. César despierta un día con esta brillante idea de emitir un decreto para un censo, registrando a la gente para evaluar mejor los impuestos. Lo que va a requerir que los jefes de familia regresen a su pueblo natal y registrarse. Y el pueblo natal de José es Belén. Para José y María, el momento no podría ser peor.

Si ha llegado a un punto en su vida en el que siente que la vida es confusa… no tiene ningún sentido, y se pregunta “qué es lo que Dios está haciendo, llevándome de aquí para allá” y no tenga las respuestas, usted puede confiar que Dios no está dormido. De hecho, el Salmo 121:4 dice que nuestro Dios nunca duerme ni se adormece. Nuestro Dios siempre está atento y está en completo control. Y si Dios no duerme a la noche, eso significa que usted puede dormir en paz.

Es fácil angustiarse o distraerse con los decretos y decisiones de los reyes, gobernadores y senadores y presidentes y parlamentos. Pero Dios está obrando. En última instancia está cumpliendo Sus propósitos detrás de escenas, y no nos damos cuenta hasta un tiempo después.

La Humildad del Nacimiento de Jesús

Este viaje, aunque es la voluntad de Dios para José y María, va a ser bastante incómodo, difícil e incluso aún peligroso. Pero no olvidemos que José y María no son peones en manos del César que cree que es Dios. No, el César es un peón en la mano de nuestro Dios.

La historia revela que no se requería que las esposas acompañaran a sus maridos. No sabemos por qué María lo acompañó, pero sin duda agradeció la oportunidad de salir de Nazaret y escapar del escándalo de su embarazo. Probablemente nadie le creyó su historia sobre su milagrosa concepción por el poder divino del Espíritu Santo. Aún nosotros no lo entendemos. Entonces, ella decide ir.

Cuando llegan a Belén, no se nos dice si María dio a luz en una cueva vacía o un recinto de animales conectado a una casa. Hay evidencia para ambos. De hecho, no hay mención de un posadero que los rechaza; simplemente aquí se nos dice que no había espacio suficiente para ellos.

El versículo 7 nos dice que María envolvió a Jesús en pañales por misma. Ese era el papel de una partera e implica que no había una, u otra mujer allí para ayudar.[3] Este bebé es recibido a las callosas manos de José.

Lucas no nos cuenta los detalles. Pero escribe lo suficiente para mostrarnos la absoluta humildad de la encarnación de Cristo, el gran cumplimiento de la profecía en Belén y el tiempo de Dios, que fue perfecto. Lucas escribe en el versículo 8:

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y, he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo.” (Lucas 2:8-10)

Por cierto, esta frase “doy nuevas de gran gozo” proviene del verbo griego evangelizomai, que nos da la palabra evangelismo. En el primer siglo, este verbo se refería a un mensajero que entregaba una proclamación del rey. Aún se usaba para anunciar el nacimiento de un heredero real.[4]  El versículo 11 proclama eso mismo:

“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor (es de la realeza). Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. (Lucas 2:11-12)

Al ángel se le une en este momento una multitud de ángeles, que cantan un coro de alabanza. Me imagino la tierra debajo de los pastores temblando al sonar de este increíblemente glorioso coro celestial. Versículo 14: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.

Las parejas judías solían contratar a algunos músicos para celebrar el nacimiento de un hijo. Aquí José y María están solos y lejos de su familia, y son muy pobres para contratar músicos. Me encanta el hecho de que Dios Padre envía el coro, envía a los músicos directamente del cielo para celebrar.

Cuando termina el concierto, y los ángeles desaparecen, los pastores van a Belén. El versículo 16 dice:

Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en un pesebre. Y cuando lo vieron, dieron a conocer el dicho que se les había dicho acerca de este niño. (Lucas 2:16-18)

La Sorprendente Inclusión de los Pastores

Dios obra de formas impresionantes. De acuerdo con la Mishná, una colección de leyes y costumbres judías, los pastores se consideraban perpetuamente impuros, y eso, porque no podían guardar las leyes ceremoniales debido a su profesión. Los pastores no podían entrar en el templo. Tampoco podían dar su testimonio en la corte. Pero Dios los eligió para ser los primeros en testificar los primeros evangelistas.

Seguramente algunos pensaron que los pastores inventaron la historia, al entregar las noticias. Otros, sin duda, hicieron preguntas. El versículo 19 dice que “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón“.

Y entienda que la vida de estos pastores cambiará para siempre. Nunca van a olvidar esto. Ellos no cambian su profesión, pero Dios sí que cambió sus corazones. El versículo 20 dice que continuaron “glorificando y alabando a Dios”. Seguramente están cantando la letra que aprendieron de los ángeles del cielo sobre el salvador que nació.

Por cierto, sigamos el ejemplo de estos pastores: sigamos cantando de la gloria y el evangelio de Dios. ¡Proclamemos las noticias! ¡No nos quedemos callados!

Y quizás diga: “No me han entrenado en evangelismo”. Como alguien dijo, no tiene que ser un chef contar que encontró un buen restaurante. No necesita ir a la escuela de medicina para decirle a otro que encontró un buen doctor.[5] Usted no tiene que ir al seminario para decirle a alguien que encontró al Salvador. Solo comparta la verdad.

Varios años después de esta escena que vemos en Lucas 2, a sus 76 años, César Augusto, desarrolló neumonía y murió. El hombre que ser el Salvador del Mundo y el hijo de un Dios murió.[6]

Jesús habría tenido unos dieciocho años en ese momento. Y me pregunto, si cuando escuchó la noticia, él reflexionó en la verdad de que reyes y reinos siguen yendo y viniendo. Parece que ellos tienen el poder, pero solo Dios gobierna el universo.

Me pregunto si Jesús pensó en la verdad de que solo Él es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Él es el Salvador, pero permítame concluir con la pregunta: ¿Es Él su Salvador y Rey?

 

[1] Charles R. Swindoll, Insights on Luke (Zondervan, 2012), pág. 61.

[2] Michael Grant, The Twelve Caesars (Charles Scribner’s Sons, 1975), pág. 65.

[3] Bruce Barton, Dave Veerman y Linda K. Taylor, Luke: Life Application Bible Commentary (Tyndale House, 1997), pág. 41.

[4] Swindoll, 65.

[5] Swindoll, 69.

[6] Grant, 79.

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