Lección 9: Gracia Extraordinaria

Lección 9: Gracia Extraordinaria

Pasaje Bíblico: Jueces 11:1-28.

El libro de Jueces ahora nos presenta al nuevo juez de Israel, Jefté, un hombre con un pasado bastante triste, pero que Dios, por su gracia, lo rescató y le dio un nuevo propósito en su vida.
Asómbrese de la increíble gracia de Dios que usa personas como usted y yo – inmerecedoras de Sus grandes bendiciones.

Transcripción

Introducción

Fui a la misma escuela cristiana desde el jardín de infantes hasta terminar la secundaria. Recuerdo a uno de mis compañeros, que se llamaba Pablo, y estaba un par de años más adelante que yo. Él tenía una enfermedad en una mano y creo que por eso él se sentía bastante acomplejado. El siempre parecía estar enojado y era muy rebelde. De hecho, lo echaron del colegio por vender drogas.

Un par de años más tarde, cuando estaba estudiando para ser pastor, mientras caminaba un día por la propiedad me encontré con Pablo. Lo primero que pensé fue “¿está vendiendo drogas acá también?”

No era el caso. Un par de años después de que lo echaran del colegio, Dios había tocado su corazón y lo había transformado de tal manera que ahora estaba estudiando para ser misionero.

Hace poco llamé a un pastor que apoya financieramente a Pablo para saber cómo le estaba yendo; y me enteré él está casado con tres hijos y ha estado sirviendo como misionero por 10 años.

Estaba fascinado por el pensamiento de que este hombre que una vez había tenido un corazón tan duro para las cosas de Dios ahora estaba sirviéndole y trabajando duro para Él. Hace poco su agencia misionera, ABEM (Asociación Bautista de Evangelización Mundial) lo envió a servir en la Ciudad de México, que a todo esto, tiene como sobrenombre “el cementerio de misioneros.” De hecho, la pareja que fue con ellos ya abandonó.

Sin embargo, Pablo sigue allí en el D.F. Me enteré también, que él ya empezó una iglesia y que está buscando un edificio para la congregación. A través de su ministerio, él ya ha llevado a unas cuantas personas a Cristo.

Tenemos la tendencia natural a descartar a las personas por su pasado. Y es por eso que la gracia de Dios nos sorprende tanto. Gracia es un favor no merecido; es Dios quien se inclina para entregar su perdón y su bendición sobre nosotros.

Desgraciadamente, tendemos a pensar que somos más merecedores de su gracia que otros. Olvidamos que, a los pies de la cruz, todos somos iguales.

Es fascinante que Dios nos enseña una gran lección acerca de su gracia, al demostrarla en la vida de una persona que había sido marginada por la sociedad; él había sido rechazado por todos, pero tiempo después, Dios decide usarlo de una forma extraordinaria.

Este es el tipo de persona que vamos a estudiar hoy. Esta es la historia del noveno juez de Israel, y la encontramos a partir de capítulo 11 del libro de Jueces. Este capítulo se mueve rápidamente a través de la historia del juez más interesante que hemos estudiado hasta la fecha.

Para cuando terminé de estudiar este capítulo, no tuve dudas de que el tema principal podía ser resumido en dos palabras, “Gracia Extraordinaria.” vamos a echarle un vistazo a ese tipo de gracia el día de hoy.

Israel una vez más había vuelto a entregarse a la idolatría. Recordará el ciclo de pecado que caracteriza esta época en el pueblo de Israel. Gedeón había muerto; su hijo Abimelec se había abierto camino hacia su breve reinado a fuerza de asesinatos y masacres; dos jueces se habían levantado con resultados insignificantes. Y ahora el pueblo de Israel estaba metido en la idolatría como nunca antes.

Dios, quien es un Dios de gracia, estaba a punto de revelarle sus atributos al pueblo de Israel al escoger a la persona que nunca nadie habría pensado que llegaría a liderarlos; un hombre que sin lugar a duda gozó de la gracia de Dios en su vida. Su nombre era Jefté – y vaya historia que tuvo.

 

El Pasado Desagradable de Jefté

Veamos cómo se nos presenta Jefté en Jueces capítulo 11. Comencemos con los versículos 1 al 3.

Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad.  Pero la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer. Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de Tob; y se juntaron con él hombres ociosos, los cuales salían con él.

Estos tres primeros versículos deben haber sido lo suficientemente escandalosos como para que le dieran escalofríos al religioso, para que desmayara el santurrón, y para hacer enojar o al menos avergonzar al orgulloso. Dios no había escogido un líder de entre la elite; entre los de gran educación, los finos y respetables. Jefté era todo menos eso. Él había tenido un pasado increíblemente doloroso y sombrío; y un presente criminal. Sin embargo, este hombre va a ser el noveno juez que va a guiar a Israel de vuelta hacia Dios.

Note que, antes que Jefté asumiera sus responsabilidades en Israel, él había sufrido de, no solo tres, sino cuatro duras realidades en su vida. Veamos cuales son.

  1. La primera dura realidad en su vida es que él era un hijo ilegítimo.

Note Jueces 11:1 nuevamente: Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad.

Esto significa que él no tenía derechos o privilegios legales. Él había nacido en un burdel y había crecido sin el beneficio de una familia que lo cuidara o se preocupara por él.

  1. La segunda realidad en su vida es que su madre era una prostituta.

El padre de Jefté, Galaad, le era infiel a su esposa. Quizás, una tarde, después de haber pagado por una hora de placer, Galaad había dejado embarazada a esta joven prostituta. Pero para complicarle las cosas, ella no se quedó callada, y eventualmente, expuso el pecado de este respetado hombre en la comunidad.

Galaad cargó con las consecuencias del pecado de una tarde por el resto de su vida. Su hogar se convirtió en un campo de batalla, lleno de odio, discusiones, hostilidad y rivalidad. Evidentemente, Galaad había quedado con la custodia del bebe y se lo había llevado a casa, que lo es mínimo que podía haber hecho.

  1. La tercera dura realidad de Jefté es que, eventualmente su familia adoptiva lo rechazó.

Leamos nuevamente Jueces 11:2. Pero la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.   En otras palabras, cuando los hijos legítimos de Galaad llegaron a una edad en que se pusieron a pensar acerca de su herencia, se deshicieron de Jefté. Obviamente no querían compartir la herencia con alguien que según ellos no pertenecía a la familia.

  1. La cuarta dura realidad de Jefté es que terminó entre criminales. Es más, él convirtió en el líder de un grupo de criminales.

Leamos nuevamente Jueces 11:3: Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de Tob; y se juntaron con él hombres ociosos, los cuales salían con él.

La palabra ociosos significa literalmente, “vacíos, vanos,” el tipo de personas que nos imaginamos conversando en callejones oscuros y fumando en salones de billar.

Es interesante que las únicas personas en la vida de Jefté que lo aceptaron fueron estas otras personas que tampoco eran aceptadas en la sociedad. Este hombre que había sido rechazado por todos los que lo deberían haber aceptado, encuentra un hogar entre otros que también habían sido rechazados.

¡Qué vida había tenido Jefté! Había nacido de una mujer que deseaba que él no hubiera nacido; fue recibido en el hogar de un padre que no lo cuidaba. De hecho, la ausencia de su padre es evidente – él estaba obviamente avergonzado al verlo, ya que era un recordatorio constante de su pecado. El pequeño Jefté es dejado en esa casa para que se cuide de sí mismo en medio hermanos amargados, enojados y egoístas. Él estaba rodeado por una familia que finalmente lo rechazó y lo descartó como una bolsa de basura, diciendo quizás, “lo sentimos, no te queremos, no perteneces en esta familia así que anda a dar una vuelta por ahí. Buena suerte.”

El famoso predicador escocés, Alexander Whyte sabía algo del dolor que sufrió Jefté. Él fue hijo de una madre soltera, en una sociedad donde fue estigmatizado de por vida. Él tuvo que luchar con la burla de los niños de su edad, el desprecio de las niñas, y los susurros de la gente del pueblo cada vez que lo veían pasar.

Su madre le puso el apellido de su padre. Ella lo crio en pobreza, pero con buenos valores. Con el pasar del tiempo, él se convirtió en un aprendiz de zapatero y gracias a su trabajo duro, él fue capaz de pagarse sus estudios universitarios.

La predicación de Dr. Whyte era caracterizada por una gran sensibilidad a los temas de contingencia y también por una profunda identificación con aquellos que sufren. En el curso de su ministerio, el predicó acerca de la mayoría de los hombres y mujeres en la Biblia. Estos famosos estudios fueron impresos y tengo el privilegio de tener una copia de ellos. Pensé que sería interesante leer lo que él tenía que decir acerca de Jefté. Escuche lo que Alexander escribe, y note la forma en que él se identifica y casi defiende a este hombre.

Jefté fue el hombre más maltratado en todo el Antiguo Testamento. Aún hasta el día de hoy, el sigue siendo el hombre más malentendido de la Biblia. Abofeteado desde su nacimiento por sus hermanos; pisoteado por todos los hombres; y peor aún, por su propio padre. Dado todo tipo de apodos exasperantes y odiosos. Cuando un profeta venía a cenar, él era enviado al campo para que estuviera fuera de vista.

Plomo había entrado a su alma mientras él todavía estaba en el vientre de su madre. Su padre, sus hermanos y los ancianos de Israel contribuyeron a la aflicción de Jefté hasta que el Señor se puso de pie y dijo, “suficiente.” El quitó el plomo de la pesada alma de su siervo, y untó con aceite y vino sus profundas heridas.

¡Wow! Este es un hombre que entendía como Jefté se sentía.

Si hay alguien escuchando ahora mismo que se identifica con Jefté – quizás está soportando el dolor del rechazo o las consecuencias de un pecado similar – quiero que sepa que esta historia está a punto de cambiar. La gracia de Dios está a punto de hacer algo extraordinario en la vida de Jefté. Jefté se va a convertir un ejemplo esperanzador para usted, de que no importa que cosas pueden haber manchado las páginas de su pasado, la gracia de Dios siempre podrá encontrarlo y levantarlo y volver a ponerlo de pie.

Hay otra frase que nos ayuda a entender esta situación un poco mejor. Leamos Jueces 11:7. Los ancianos vienen a Jefté pidiendo su ayuda, algo que vamos a ver en más detalle en un momento. Sin embargo, ahora note lo que Jefté les dice a los ancianos.

Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción?

Así que hubieron más personas involucradas en todo este asunto con Jefté. Imagine como debe haber sido aquel día. Los ancianos llegan a la casa de Galaad – con sus trajes impecables, biblias grandes debajo de del brazo – y tocan la puerta.

Quizás Galaad los invita a la sala de estar, mientras que Jefté está afuera; sin embargo, es capaz de escuchar lo que están diciendo adentro. Él sabe que él es el tema de conversación. Quizás fue algo como, “Galaad, ese hijo tuyo es una vergüenza para la comunidad. Tu reputación está en balanza también. Sería mejor que lo echaras de la casa.”

El padre de Jefté evidentemente les encontró razón. Así que mientras su padre Galaad apenas se disculpaba por la situación, mientras sus hermanos lo insultaban, y mientras su madre ni siquiera está cerca como para decirle adiós, él se va de la casa y emprende rumbo camino a Tob.

Tob era un lugar desolado. La palabra en hebreo significa “sin ningún árbol.” Era un desierto donde todos los marginados y odiados por la sociedad encontraban un lugar donde vivir.

Jefté se convierte parcialmente en una ilustración de la vida de Cristo. Jesús nació en medio de difamación y murmuración de que su madre había fornicado. De hecho, siendo ya mayor, los lideres religiosos enojados lo encararon y respondieron a una de sus enseñanzas acusándolo de que había nacido de fornicación. Su madre lo había concebido fuera del matrimonio y los fariseos obviamente negaban que él había nacido del Espíritu Santo. Jesús también fue rechazado por sus medios hermanos, y no fue hasta después de su resurrección que ellos creerían en él. Él también fue rechazado por su propio pueblo. De hecho, toda la nación lo envió a la cruz.

Jefté es, en parte una ilustración de aquel que fue, Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; (Isaías 53:3).

Aunque no se nos dice mucho acerca de él, en estos primeros versículos de Jueces 11, se nos dice lo suficiente como para reconocer que Jefté era un hombre marginado. Él no fue aceptado; él no fue amado por nadie, excepto por aquellos que también habían sido marginados por la sociedad. Él fue un niño que creció creyendo que no valía nada, así que encontró su hogar entre otros que también habían creído la misma mentira.

Sin embargo, la gracia de Dios se manifiesta. Dios no da gracia a aquellos que creen que la merecen – Gracia es un favor no merecido y Dios la da a personas como Jefté.

La extraordinaria gracia de Dios no se preocupa por su árbol genealógico. No se limita a los factores sociales, económicos o familiares, que las personas consideran como determinantes. Si la vida de Jefté nos dice algo a gritos, es la verdad de que “nadie está obligado a ser prisionero de su pasado.”

El Espíritu de Dios entrega su gracia, independientemente de lo que sus padres o su familia hayan hecho. Sin importar cuan desesperada sea su situación, sin importar cuantos pecados haya cometido, la gracia de Dios puede salvarlo y ungirlo para servirle.

Gary Inrig, un autor que he estado leyendo, recibió una carta de un amigo misionero que sirve en Etiopia. Este amigo le contó a Gary acerca de dos hombres que habían plantado y ahora pastoreaban iglesias entre unas tribus inalcanzadas. Estos dos hombres estaban viviendo allí gracias al aporte de sus iglesias. Gary comentó que ninguna agencia misionera habría aceptado sus aplicaciones.

 Uno de los hombres se llama Arshe. Él tiene 25 años y tiene manos deformes – tiene 6 dedos en cada mano. Él solo llegó hasta 6º grado y su esposa tiene tuberculosis. El amigo de Gary Inrig visitó a Arshe y dijo que había presenciado el bautismo de 24 personas en un mes.

El otro hombre era Indreas. Él solo llegó 4º grado y su esposa solía ser camarera en un bar. Él también tiene cuatro hijos – uno de ellos tiene una joroba. Él predica en una pequeña iglesia que requiere dos días de viaje para llegar desde el pueblo más cercano. El amigo de Gary dijo, “la última vez que fui a su iglesia, presencié el bautismo de 88 nuevos creyentes.

Dios no se asombra con el mismo tipo de persona que nosotros nos asombramos. Él trabaja de forma totalmente distinta.

 

La Rápida Promoción de Jefté

La próxima etapa en la vida de Jefté revela la gracia de Dios en su vida. Jefté es buscado por estos mismos hombres que lo habían echado. Descubramos porque en Jueces 10:17-18.

Entonces se juntaron los hijos de Amón, y acamparon en Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel, y acamparon en Mizpa. Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién comenzará la batalla contra los hijos de Amón? Será caudillo sobre todos los que habitan en Galaad.

Las personas estaban sin un líder fuerte. Francamente, no hay nadie que tenga el valor para enfrentar a los hijos de Amón.

Saltémonos hasta Jueces 11:4-5. Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel. Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob;

¿Noto la ironía? ¡Esto es fantástico! Me imagino a todos los amigos de Jefté mirando fijamente a estos hombres, y murmurando entre ellos. Continuemos en Jueces 11:6-7.

y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que peleemos contra los hijos de Amón. Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en aflicción?

¡Esa es una pregunta valida! Es totalmente ignorada por los ancianos. Mire Jueces 11:8.

Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros y pelees contra los hijos de Amón, y seas caudillo de todos los que moramos en Galaad.

Ellos, para este punto ni siquiera le dicen a Jefté que realmente necesitan un líder fuerte y valiente – y que él es ese líder. Ellos solo le dicen que quieren invitarlo a que vaya con ellos, pelee contra los hijos de Amón, y “ah, bueno también, a todo esto, necesitamos que seas nuestro líder.”

Me imagino que Jefté apretaría los dientes y respondería, “olvídenlo. ¡Es su problema! y honestamente espero que los hijos de Amón arrasen con ustedes. Ustedes me odiaron, me echaron de Galaad. ¿Ustedes y mi padre y mis medios hermanos ahora están en problemas y quieren ayuda? Já. Espero que por fin reciban lo que merecen. Ahora ustedes vayan a dar una vuelta por ahí, y buena suerte. Por mí, que los maten a todos en batalla. Ustedes me odian y yo los odio.

Sin embargo, vemos algo maravillosamente sorprendente en Jueces 11:11. Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe.

Note que no leemos de ninguna disculpa de parte de los ancianos; ellos no dicen, “Jefté estábamos equivocados. Fuimos hipócritas. ¿Podrías perdonarnos? ¡Lo sentimos tanto!

No. Los ancianos ignoraron el tema completamente.

Sin embargo, Jefté aun decide volver y liderar a los galaaditas en la guerra. El arriesga su propia vida por aquellos que lo habían odiado y olvidado.

Esto nos dice un par de cosas acerca de Jefté.

  1. Uno es que Jefté escogió superar su pasado

No tengo duda de que él tuvo enormes luchas dentro suyo, pero en este momento, el decide dejar su pasado atrás y seguir adelante. Ya sea que se disculpen con él o no, Jefté está decidido a servir a Dios.

  1. Dos, es que Jefté escogió ayudar a aquellos que habían rehusado ayudarlo.

Estoy seguro de que sus amigos en Tob pensaron que estaba loco. Probablemente le dijeron, “¿En serio vas a ir a ayudar a tu padre, a tus medios hermanos y a esos tediosos ancianos? ¡Deja que destruyan a Galaad! ¡Se lo merecen!”

Sin embargo, Jefté escoge mostrar gracia a aquellos que no se la mostraron a él. Esto es increíble.

¿Qué hizo que Jefté fuera tomara esta decisión e hiciera todas estas cosas? La última parte de Jueces 11:11 lo dice.

Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe; y Jefté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa.

¿Sabe que es lo que eso nos dice? Que, aunque todos habían abandonado a Jefté, él sabía que Dios no lo había abandonado. Él, de alguna forma, había mantenido un caminar con Dios abierto y transparente.  Y en la víspera de esta promoción increíblemente rápida – de pasar de ser marginado a ser el líder del pueblo; de ser rechazado a ser aceptado – Jefté va a solas con Dios y ora. Quizás dijo, “Señor no vas a creer lo que me acaba de pasar. Ellos me quieren. Señor, ellos me necesitan. Ellos aún me invitaron para ser su líder. Gracias, Dios. Voy a ir y pelear por tu causa y por tu nombre.”

Es por la extraordinaria gracia de Dios que Jefté fue el escogido para liderar a Galaad, y es por la extraordinaria gracia de Dios que Jefté haya decidido ir.

           

Conclusión

John Newton, escribió el himno, “sublime gracia.” Probablemente conozca ya la historia de este hombre. La semana pasada leí que él una vez dijo que había tres maravillas acerca del cielo que lo asombrarían cuando llegara allá. Él dijo.

  1. Lo primero va a ser la cantidad de personas que van a estar allí y no esperábamos ver.
  2. Lo segundo va a ser la cantidad de personas que no van a estar allí y que esperábamos ver.
  3. Lo tercero y más asombroso de todo va a ser encontrarme a mí mismo allí

Querido oyente, esta es la extraordinaria gracia de Dios. John Newton escribiría las hermosas palabras del himno que dice,

Sublime gracia del Señor

Que a un infeliz salvo

Fui ciego más hoy miro yo

Perdido y Él me halló

 

 

Este manuscrito pertenece a Stephen Davey, predicado el día 29/03/1992

© Copyright 1992 Stephen Davey

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